Cuando el problema no es la estratégia, sino la falta de alineación.
En muchas empresas el discurso es claro: “necesitamos una mejor estrategia”.
Pero cuando uno se sienta con el equipo directivo y observa cómo se toman las decisiones, el problema suele estar en otro lugar.
Las personas no están desalineadas porque no trabajen bien. Están desalineadas porque no están decidiendo desde los mismos criterios.
Cada área interpreta la realidad desde su propio lente. Cada gerente defiende lo urgente de su operación. Y poco a poco, la empresa empieza a moverse mucho… pero en distintas direcciones.
El resultado no es falta de esfuerzo. Es pérdida de foco.
El costo silencioso de la desalineación
La desalineación no aparece en los estados financieros, pero se siente todos los días.
Se siente cuando:
hay demasiadas iniciativas abiertas,
las reuniones se repiten sin decisiones claras,
los acuerdos se diluyen en la ejecución,
y la sensación de urgencia reemplaza a la reflexión estratégica.
En estos contextos, incluso una buena estrategia fracasa. No porque esté mal diseñada, sino porque no hay alineación para sostenerla.
Antes de hablar de crecimiento, la pregunta clave es otra: ¿estamos realmente alineados para decidir?
Alinear no es estar de acuerdo
Aquí aparece uno de los mayores malentendidos.
Alinear no significa pensar igual. Significa compartir un marco común para decidir.
Un equipo alineado puede tener discusiones intensas, puntos de vista distintos y debates profundos. La diferencia es que decide desde un mismo lenguaje, con criterios claros y entendiendo el impacto real de cada decisión.
Cuando eso no existe, la empresa entra en un modo reactivo: se decide desde la urgencia, no desde la estrategia.
La alineación como punto de partida del crecimiento
Por eso, en muchos procesos de acompañamiento, el verdadero punto de partida no es la planeación estratégica ni el análisis financiero.
Es crear el espacio correcto para:
ordenar las conversaciones,
alinear criterios,
hacer visibles los verdaderos retos del negocio,
y generar foco antes de definir soluciones.
Estas experiencias no buscan capacitar ni transmitir teoría. Buscan activar conciencia y decisión.
Cuando el equipo se alinea: la estrategia se vuelve más clara. Y cuando la estrategia es clara, la ejecución y las decisiones financieras empiezan a ordenarse.
Antes de avanzar, hay que detenerse
En contextos de crecimiento y presión, detenerse parece un lujo. En realidad, es una necesidad estratégica.
Detenerse para alinear no frena a la empresa. La prepara para avanzar con mayor coherencia y menor desgaste.
Porque crecer sin alineación no es crecimiento. Es acumulación de decisiones mal conectadas.
Una invitación a reflexionar
Si tu empresa está creciendo, pero sientes que:
el equipo no está completamente alineado,
las prioridades cambian constantemente,
o las decisiones importantes se postergan,
probablemente no necesitas más herramientas. Necesitas mejores conversaciones. Y toda transformación real comienza ahí.

Muchas gracias José Vicente por tu mensaje. Precisamente nos encontramos trabajando en un proceso como el que mencionas pensando en el futuro de la compañía
Apreciado Alejandro,
Lo más importante para lograr los objetivos propuestos, es alinear al equipo en objetivos claros y accionables.
Definir KPIs claros y tener un plan que convierta la estrategia en acciones concretas.